Gangas en las tiendas: el vaquero trendy sólo cuesta 25 euros, la camiseta cool 15 euros y hay zapatos que combinan por 18 euros insuperables. ¡El bolsillo se alegra cuando las tiendas de ropa de descuento ofrecen la mercancía a los precios más bajos! Sin embargo, lo que para uno puede ser bueno, para otro puede ser veneno.
Para que en los países industrializados nos podamos vestir con gangas desde los pies hasta la cabeza, otras personas en el mundo tienen que trabajar duramente. Pues, para vender ropa y zapatos tan baratos hay que producirlos a un coste extremadamente bajo. Esto sólo es posible en los llamados países de salario bajo como China, Tailandia, Bangladesh o Rumanía. En estos países las personas – con frecuencia también niños – trabajan por muy poco dinero en condiciones laborales precarias con una alta presión y horas extras no pagadas. En estos lugares, en la mayoría de los casos no quieren oir hablar de leyes protectoras del trabajo o sindicatos .

Junto al aspecto social, el financiero no tiene menos importancia. Para que las prendas se puedan colgar aquí en los escaparates,éstas han tenido que recorrer un largo camino. Los costes en energía y transporte derivados pueden ascender rápidamente a cantidades de cinco cifras. Los vaqueros mencionados anteriormente se componen en un 80 por ciento de algodón en rama africano, para una mejor adaptación se le añade un 20 por ciento de elastano de Asia. Ambas bobinas de hilo se tejen en Alemania y se envían desde allí al norte de África, donde se confecciona el vaquero y, finalmente, se envían de regreso a Europa para su venta. Un recorrido de casi 20.000 kilómetros tiene la apreciada prenda tras de sí antes de que nos la podamos poner, ¡aproxidamente la mitad de la circunferencia de la Tierra! Sólo para el transporte de una tonelada de tela se consumen más de 150.000 kilowatio-horas. Con esa cantidad de energía seis hogares tendrían suficiente energía durante un año o, en teoría, una persona se podría afeitar una vez al día durante 50.000 años .

También el medioambiente sufre las consecuencias de la producción textil en masa. El algodón, tan comúnmente usado, es muy sensible frente al frío y el viento y necesita, sobre todo, mucha agua. Las necesidades de agua para un kilo de algodón en rama oscila, según el sistema de regadío, entre 7.000 y 20.000/28.000 litros, pese a que la planta se cultiva parcialmente en regiones azotadas por la sequía, como Egipto o África. Además, para protegerla frente a plagas, el algodón, una planta sensible, se rocía hasta catorce veces con productos químicos peligrosos antes de la cosecha. Para ello se emplean aviones que rocían los campos generosamente con sustancias tóxicas. En consecuencia se provocan daños a la tierra, a los animales y a las personas. Se estima que anualmente fallecen 28.000 personas – 77 por día – a causa de los herbicidas tóxicos.

Mientras en los países más pobres la gente tiene que temer por su vida con frecuencia, los países industrializados están poseídos por el consumo. Sólo en Suiza se venden anualmente 90.000 toneladas de ropa, lo que equivale aproximadamente a la tara de 497 aviones Jumbo o 3.000 vagones de tren. Solamente una tercera parte de esta cantidad se recoge de nuevo, otro tanto va a parar al cubo de la basura. En Alemania son incluso 300.000 las toneladas que simplemente se tiran, a pesar de que la ropa desechada es una materia prima importante. Todos los pantalones, chaquetas, jerseys, ropa, bolsos y zapatos que a uno ya no le gustan o sirven se pueden reciclar. Según el material, tipo de tejido o ropa hay diferentes posibilidades de aprovechamiento: la pieza que todavía se puede usar regresa al comercio como ropa de segunda mano. Lo que ya no se puede utilizar como ropa, se transforma en productos industriales como paños de limpieza, papel, material de aislamiento o fibra textil.

Por lo tanto, mejor que la fabricación completamente nueva desde el cultivo de las plantas hasta el producto final es devolver al círculo de producción los tejidos, bolsos y zapatos ya existentes y reciclarlos. De este modo se protegen nuestros recursos, se reduce la basura y crean nuevos puestos de trabajo. Por consiguiente, la próxima vez que usted esté delante de su armario y no tenga nada que ponerse, saque simplemente esa “nada” y entréguela.

I:CO incluso recompensa su conciencia con el medioambiente: con un sistema de vales, el profesional del reciclado especializado y respetuoso con el medioambiente quiere crear una motivación para que no tire sin pensar la ropa y los zapatos usados, sino que los entregue en un punto de recogida. Sólo de esta forma se puede mantener la valiosa materia prima textil en el ciclo del aprovechamiento y lograr una mejora sostenible de nuestro medioambiente.